Esta es la crónica que realicé sobre el hecho vandálico vivido hace unas semanas atrás. En ella, describí la experiencia de llegar a un sitio nuevo como La Plata, y lo sucedido. Con la particularidad de narrar desde adentro, las sensaciones, emociones, que uno vive a medida que se desarrolla un hecho así.
El día amaneció soleado, el cielo estaba libre de nubes, ocasión ideal para salir de la ciudad y conocer nuevos destinos. “Pensar que compramos entradas al azar, y terminamos viendo el mejor partido de cuartos”, me decía Ezequiel, en referencia al partido de la Copa América que iríamos a ver.
Ezequiel, Gustavo y Daniel, primos míos, junto a mi padre y yo, nos embarcamos en el auto con destino a La Plata. Allí, en el moderno estadio reinaugurado, presenciaríamos uno de los mejores partidos de la Copa, Brasil-Paraguay. En el trayecto realizado por medio de la Autopista Buenos Aires-La Plata, con destino en esta última, a medida que íbamos atravesando distintas localidades, el GPS no paraba de alertar: ¡Atención, zona peligrosa! La autopista estaba calma, poco tránsito para un día domingo a las 2 de la tarde. En aproximadamente 50 minutos habíamos arribado a nuestro destino.
A unas pocas cuadras, emergía desde la llanura platense, el imponente Estadio, con estructuras similares a los grandes estadios europeos. Su fachada era semejante a estadios del primer mundo, su techo instalado recientemente, era una de sus características más llamativas. Ya en los alrededores del estadio, a medida que nos aproximábamos, se vivía una verdadera fiesta: hinchas de Brasil, mezclados con los simpatizantes de Paraguay, cantando alegremente, algunos bailando o flameando banderas, otros comiendo a un costado de la calle, una especie de picnic urbano.
Tolosa, localidad donde se encuentra el Estadio, se encontraba revolucionada por el encuentro, miles de coches en las calles, embotellamientos, la Policía intervenía, ordenando el tránsito para que no fuera un caos. Se hacía difícil conseguir un lugar para estacionar, finalmente, luego de una búsqueda fallida, terminamos ubicando el coche, en un pseudo garaje, improvisado en una esquina de un terreno libre, en la cual un hombre de mediana estatura, flaco, con remera de Estudiantes, afirmó que cuidaría los coches (había estacionados alrededor de 20), y se quedaría hasta la finalización del mismo.
Ubicados a unas dos cuadras del Estadio, en un barrio de casas bajas, en la que no predominaban llamativas viviendas, comenzamos a caminar hacia el lugar mencionado. Luego de atravesar varios controles policiales, nos encontrábamos dentro de él, era diferente a cualquier cancha de Argentina, mayoría de asientos que imitaban a plateas, el techo instalado para el evento y la pantalla gigante ubicada en el centro del campo, generaba que miles de hinchas de ambos equipos, tomen fotografías o les pidan a otros, delante del formidable estadio. En las tribunas se encontraban, mezclados, y sin problema alguno, simpatizantes de ambos países. Nos ubicamos en uno de las populares, Norte decía la entrada y esperamos a que comience el encuentro. En la previa, miles de fanáticos les rogaban a los camarógrafos que los enfoquen, para aparecer en la pantalla gigante, y celebrar como un título, cada vez que eso sucedía.
El partido tuvo un amplio dominador, Brasil, que tuvo varios oportunidades de gol, sin concretarlas debido a la gran actuación del arquero paraguayo, Justo Villar. El encuentro finalizaría 0-0, continuaría en una prórroga, en la que no se sacaron ventajas y desembocaría en los penales. Para sorpresa de muchos, Paraguay terminaría ganando por penales, ya que los brasileños no convirtieron ningún penal. Los paraguayos festejaban haber accedido a semifinales, y los brasileños, alentaban igualmente, sufriendo por la derrota, pero sabiendo que merecían haber ganado el partido. Ya eran las 7 de la tarde, el sol se había ido a descansar, y en la noche platense, iniciamos la retirada. Los accesos por los que emigraban la multitud, no eran dignos del nivel edilicio del Estadio, había poca luz, pequeños relieves se alzaban a lo largo de la salida, provocando que algunos se tropiecen.
Caminando por la avenida principal, llamaba la atención la cantidad de casas con jardín, en los cuales colocaban provisoriamente parrillas, asadores y demás, en los que vendían hamburguesas, chorizos, etc. El fenómeno que origina un evento internacional como este, se expresaba en los incontables vendedores, que desde los jardines de su casa, ofrecían comida quien pasara. Retornamos al sitio donde habíamos estacionado, allí se encontraba el cuidador con su remera de Estudiantes, quien nos indicó salir hacia la derecha, lugar por el que no habíamos venido. El GPS recién lo había encendido Gustavo, y a medida que recorríamos el camino indicado por el hombre, no enviaba ninguna alerta, como sucedió en la ida. Luego de transitar dos cuadras, cuando estamos por doblar en una esquina, Daniel observa un coche que retorna rápidamente, de contramano, sorprendido, afirma: ¡acá hay algo raro!. En el medio de esa calle, se encontraban dos jóvenes, de unos 20 años aproximadamente, y un chiquito que poseía un palo. Avanzamos, solicitándoles que se corran, por favor, el más alto de ellos se acerca al conductor pidiéndole 2 pesos, al decirles que no podíamos darle, el más alto de ellos comienza a pegarle patadas a la puerta, el chico del palo intenta pegarle al techo, y entra en escena, un hombre, beodo, que se suma a patear al auto e insultar a conductor. Avanzamos velozmente, y unos 50 metros adelante, al no haber semáforo, el caos de tránsito produce que nos frenemos. Ezequiel, mira hacia atrás y avisa como un grito desesperado de guerra: ¡vienen hacia acá!
El hombre embriagado, comienza a increpar a mi padre, diciéndole cosas inconexas, con una actitud frenética, que crecía segundo a segundo. Quizá por la tranquilidad que presentaba Roberto, arroja un golpe de puño destinado a la cara, que esquiva serenamente. En la misma situación, el chico alto, corre hacia el vehículo y agarra un palo, que se encontraba a un costado de la calle, y tenían preparado de antemano y comienza a pegarle a los vidrios y el techo del coche. En el interior, Ezequiel y Gustavo se encontraban atónitos. Luego de que rompiera el vidrio lateral, Daniel, desesperado, intentando salir a buscar ayuda, sintiendo que quedarse allí conduciría a un callejón sin salida y que el auto ya no era un sitio seguro, baja del coche, observando que otro muchacho, que también poseía un garrote, intenta partírselo en la cabeza, intenta defenderse, agachándose y con su codo derecho recibe el impacto. A lo lejos, advierte una luz, y corre desesperadamente hacia ella, a medida que se acercaba, la luz iba tomando forma y color, finalmente observa que era la moto de la policía. Simultáneamente, Roberto toca bocina persistentemente, y gritando pidiendo ayuda, que avance la fila de autos o que alguien que observe la situación llame a la policía. Gustavo, también decide salir del coche, y correr hacia a un sitio donde pueda encontrar algún guardia, alguien que detenga las agresiones. Quedando en el coche, Ezequiel y yo, el primero se encontraba impertérrito, una vez que tomó conciencia de lo que estaba sucediendo, intentó colocarse cuclillas, cubriendo su rostro con sus manos, misma postura que la mía, esperando que algún efectivo, mientras los dos jóvenes atacaban incesantemente el coche, golpeando el techo, las puertas, los vidrios. Sentíamos caer sobre nosotros, los pedazos de cristales, que rompían los hombres de actitud vandálica, mientras aguardábamos la salvadora presencia de algún policía. Daniel, al llegar a la esquina, dio aviso a la policía delo que estaba sucediendo, e inmediatamente dos oficiales corrieron hacia el coche, produciendo que los tres hombres que intentaban agredir a quienes estaban en su interior, huyeran. La adrenalina que sentíamos luego de haber vivido una situación así, no se detuvo con la llegada de los oficiales. Con toda la alteración de la situación, logré observar, en la oscuridad de la noche, alertando que nos encontrábamos en un asentamiento, donde se habían escabullido los atacantes. Le señalo la casilla, y me dirijo hacia el lugar, junto a tres oficiales. Al arribar al sitio, sale el hombre embriagado, que le arroja unos puñetazos al policía que se encontraba próximo a él. Los otros dos guardias, ayudan a detener al hombre que se encontraba alterado, fuera de sus cabales. Acto seguido, sale el muchacho del palo, que agredió a Daniel, y también comienza a pegarle al oficial, inmediatamente, también lo detienen. En el interior del vehículo se encontraba Ezequiel, los demás pasajeros se encontraban desperdigados, solicitando ayuda a más oficiales, ya que la situación se había desbordado. Una vez efectuada la detención de los sujetos que nos agredieron a nosotros y la policía, familiares se agrupaban en torno al coche, con sed de venganza por las detenciones. Una oficial, nos pide que por nuestra seguridad, nos retiremos del lugar, ya que es común que los familiares nos agredan, consecuencia de lo sucedido. Le afirmamos que desconocemos La Plata y Tolosa más precisamente, pidiéndoles que nos guíen hacia la comisaría donde efectuar la denuncia pertinente. Escoltándonos con sus motos, como estrellas de rock, nos dirigen a la comisaría, en el trayecto se pierden, afirmando que no era de ahí, sino de Avellaneda, y concurrieron al partido como apoyo, ante la demanda de seguridad. Al llegar a la comisaría, en un lugar pésimamente ubicado, con precarias construcciones, y un ámbito nuevo para todos nosotros, luego de varias horas en ella, realizamos las denuncias, y una vez efectuadas, retornamos hacia nuestro hogar, para nunca más volver a La Plata…
Hola Pedro,
ResponderEliminarComo señalamos en clase, nos parece que ésta es la historia que tenés que contar y no la del hambre. Se trata de una materia narrativa muy interesante para trabajar y que se encuentra más pegada a tu experiencia, eso siempre facilita llegar a un relato verosimil.
Te recuerdo la consigna que te dio Claudia para seguir trabajando este texto: escribir un relato que exhiba la violencia, sin explicaciones; mostrar a este conjunto de personajes desarrollando acciones en simultáneo en el espacio del auto, al defenderse de los ataques. Me parece que es esa la escena en la que tenés que hacer foco. La larga explicación del inicio podría acotarse y cifrarse. Acordate que la propuesta aquí es la de mostrar y no explicar.
Saludos!
Emilia