Después de haber pasado unos días de mi última visita orientada a la búsqueda de información relacionada con la historia del Museo Cornelio Saavedra, volví. En esta oportunidad mi objetivo era participar de un evento cultural, y mi elección fue la exposición de obras del artista Horacio Vodovotz denominada “Calesita del Bicentenario”.
Tuve que caminar varios metros desde la boletería del Museo, hasta llegar a la sala donde se exponían las pinturas del mencionado artista. Una señora que se encontraba en la puerta, me dio un folleto informativo sobre la exposición, y me comentó que Vodovotz es vecino del barrio, y la exposición tiende a demostrar la importancia que tiene para el barrio esta calesita que se encuentra a metros del Museo y el proceso de transformación (iniciado en 1943 con la inauguración de la calesita) que culminó el 25 de octubre de 2009 con la reinauguración denominándose Calesita del Bicentenario.
El folleto que me fue posibilitado por la señora, contenía la opinión de Horacio Vodovotz sobre la calesita: “Durante treinta años asistí a su decadencia. A la depredación. Al abandono. A la invasión de los que finalmente se cobijaron bajo su techo que ya no albergaba casi nada, solo pena y recuerdos, ecos de risas y miradas brillantes. Una conversación con mis hijos me trajo un recuerdo agridulce: nunca habían disfrutado de la calesita del barrio. Cuando se reinaugura, con el nombre de Calesita del Bicentenario, me bastaron dos visitas para ingresar en otra realidad mucho más inspiradora y estimulante, para comprender que había otra realidad dentro de la calesita y como por arte de magia, un cuento de hadas y gnomos comenzaba a cobrar vida”. Al leer las palabras del artista, comprendí lo significante que es esta calesita para el barrio.
Asimismo, la señora me explicó que los cuadros están pintados con témperas, acuarelas y se recurrió a la utilización de carbonilla para su realización; me brindó más información de la que yo esperaba.
Ingresé, era una sala grande, con buena luminosidad (fundamental para una adecuada observación de las pinturas).Había demasiada gente, padres con hijos de todas las edades, personas mayores, que quizá querían pasar un día al aire libre y de paso observaban las obras. Inicialmente decidí recorrer la exposición yo solo, contemplando cada obra, y luego realizar otro recorrido para observar las reacciones de la gente, e imaginar lo que sentía el resto de la gente al ver cada una de las obras de Horacio Vodovotz. Las obras del mencionado artista me gustaron, se caracterizaban por ser pinturas coloridas, en la que se utilizaban una amplia gama de colores; se notaba la utilización de la témpera, carbonilla en sus pinturas. Algunas de las pinturas que más me agradaron fueron: “Diálogo en Calesita”, “Familia en Calesita”, Soñando en Calesita”, etc. La temática de sus pinturas (como se mencionó previamente) era las transformaciones que había sufrido la calesita emblema del barrio, que fue restaurada, y reabrió hace poco tiempo. Pero lo fundamental no era mi opinión sino las reacciones que dichas obras generaban en los presentes, así que comencé a observar toda la atmósfera del evento.
Me encontré con el siguiente panorama: padres que le explicaban a sus hijos, que no debían tener más de tres años, lo representado en cada una de las obras, un chico le preguntaba a su padre si la calesita existía y si podía ir; personas con un amplio conocimiento en lo referido a la pintura, demostrado en los comentarios que realizaban cuando observaban cada una de las obras, daban la sensación de que ellos mismos las pintaron, por la claridad con que explicaban lo representado en cada obra (“en este trazo utilizó tiza” afirmaba una señora). También había curiosos, sujetos que no tenían un gran conocimiento en el campo del arte, y que estaban allí de paso, como si fuera de compromiso, observando ligeramente cada una de las pinturas, comentando poco o casi nada con su acompañante (supuse que quizá estaban allí esperando hasta que comience alguna obra en el teatro, y para pasar el rato, recorrían la exposición). No faltaban sujetos que solamente circulaban alrededor del evento, y señalaban algunas obras, sin internarse en la observación particular de alguna, indicaban algunas pinturas y seguían su paso como si no hubieran visto nada trascendental. Por último, había personas que se quedaban gran cantidad de tiempo observando una obra, realizando un análisis detallado de la pintura, marcando virtudes y defectos de la pintura a su entender, comentando lo que ellos harían en el lugar del artista y generando que los otros sujetos le pidan permiso para poder observar la obra con claridad.
Seguí observando un tiempo más todo lo que rodeaba al evento, hallando las mismas reacciones de los individuos que previamente fueros caracterizados, al encontrarme con dicha situación, decidí emprender la vuelta. Volviendo con la sensación de haber pasado un agradable día en el Museo, y una exposición que valió la pena presenciar, con pinturas destacadas, y una gran diversidad de sujetos que recorrían las obras de Horacio Vodovotz.