Desistí de la idea de narrar una crónica vinculada al hecho vandálico que viví la semana pasada. El nexo entre este y los cuadros era la violencia. Pero no es lo mismo, describir un hecho de esa naturaleza, que una guerra o situación de hambruna. Por eso decidí escribir en relación al cuadro de José Aparicio, El hambre de Madrid. En este primer intento, traté de introducirme en la mente de quienes padecen una situación así, sus sensaciones, ideas, esperanzas de sobrevivir, etc. Evité no recurrir a demasiadas descripciones históricas.
Las calles de Madrid se encuentran inundadas de uniformes azules, que las transitan de aquí para allá, a toda hora del día. Tendidos a un costado, hombres, mujeres, niños, famélicos, de figuras esqueléticas, yacen, esperando un trozo de comida que los saque del calvario. El hambre es un depredador que mata a quien se encuentre en su camino. Madrid se convirtió en una ciudad fantasma, donde el horror de ver morir a niños, ancianos de la forma más miserable e ignominiosa, genera un panorama desolador.
Hace dos días que no pruebo bocado alguno, desde que nos comimos el último trozo de carne disponible. La guerra nos está destruyendo lentamente, todos los campos fueron quemados, y los que no padecieron esa suerte, fueron saqueados por los militares, quienes se pasean por las calles ingiriéndolos, como si desconocieran el paisaje que se presenta a su alrededor, ante nuestra atónita mirada.
Sumado a la hiperinflación, ¡que produce que no podamos comprar ni un pan!, nuestra situación es más que desesperante. Sobrevivo tomando agua solamente, muchas veces caliente por la cantidad de horas expuesta a la radiación del sol, pero en mi estado, se transforma en agua bendita. Conservo la esperanza o la utopía, de que todo cesará y mi sueño de ingerir, una porción de alimento, aunque sea mínima, se hará realidad.
Ya han pasado tres días, y mi estómago, junto a los de Iñigo, Iker y Arturo, compañeros de trabajo y amigos de toda la vida, Laura y Paula, las únicas médicas del pueblo, braman como un viento furioso. Este estado de inanición, produce desgano, desmayos, náuseas, etc. De hecho, en el cuarto día me desperté por la tarde, cuando el sol estaba a punto de irse a descansar, producto de un desmayo.
A cinco días de nuestra última ingesta, todo tipo de ideas sobrevuela la mente, algunas más razonables que otras. Iker pensó una idea disparatada, intentar matar a uno de los oficiales para quedarse con la comida que disponen. Sin ningún tipo de arma, y demacrados como nos encontramos, se acercó al oficial. Con una especie de cuchillo, que armó improvisadamente, intentó tirarle una puñalada, el militar le disparó, fatalmente en su cabeza. Iker yacía en el suelo, emitió un estertor que resonó en todo el pueblo y cerró los ojos, partiendo hacia un lugar mejor.
Al siguiente día, los hombres que sitiaban la ciudad, ofrecieron unos escasos trozos de carne, para las cincuenta personas que se encontraban alrededor nuestro. Hecho que generó una guerra entre nosotros mismos, una lucha por comer, por sobrevivir. Dada nuestra situación, no participamos del enfrentamiento, todos golpeándose con todos, los esqueletos se agredían unos a otros, sin saber qué hacían. Como consecuencia de la contienda, veinte hombres fallecieron, y alrededor de diez, fueron heridos gravemente.
Había pasado una semana, y Arturo nos comentó un plan macabro, concretamente la práctica del canibalismo. En la plaza aledaña a nuestra posición, se encontraban colgados unos diez hombres que fueron ahorcados por rebelarse contra los sujetos que nos invadieron. Arturo afirmó tener experiencia en este tipo de prácticas, ya que en su viaje a la India, quedó varado en el medio del mar, y resistió a base de carne humana. Inicialmente me negué a una idea así, pero viendo la reacción positiva de mis compañeros, y mis ansias de nutrirme, accedí. Descolgó el primer cuerpo, un hombre alto, de figura redonda, que había estado al sol durante dos días, pero posible de aprovechar su carne como alimento. La desnutrición que padecíamos, produce llegar al extremo del canibalismo. Separó las partes del cuerpo que eran comestibles, y las comenzó a apilar una arriba de otra, para luego cocinarlas en ese fogón que habíamos encendido. Creo que nunca tomamos conciencia de lo que estábamos haciendo, la angustia de no poder comer ni un pan, nos llevó a realizar un hecho así.
Unas horas después, Iñigo, quien no había formado parte de la práctica, tomó la decisión de suicidarse. Quizá, él si tomó dimensión de lo que hicimos, y comprendiendo que estábamos fuera de nuestros cabales, viendo nuestras caras de animales hambrientos, capaces de matar a lo que se nos cruce con tal de comer, emprendió viaje a un sitio mejor.
Los siguientes días los pasé desmayado nuevamente, o durmiendo a causa del desfallecimiento que padecía; no recuerdo mucho ya que mi estado generaba que durmiera y esperara a que finalice este calvario.
El día siguiente fue el peor, mi estado era más que crítico, me sentía tan laxo, no podía moverme, me costaba respirar. Mi rostro estaba pálido, simulando una persona que se encuentra en estado de agonía. No soportaba más este sufrimiento, pretendía que todo acabe de una vez. Presentía que no iba a sobrevivir un día más. El resto de mis compañeros se encontraban mejor que yo, estaban sentados contra la pared, pero no acostados como yo, casi durmiendo. Entonces, Laura comenzó a hacer señas, ruido para que la vieran, ya que no podía hablar. Le susurró algo a Paula, y ella que era la que mejor se encontraba nos dijo: “miren al frente”. Intenté girar la cabeza, para ver la fila de hombres que se acercaban, su presencia fue salvadora, los observé admirándolos, y concluyendo que su presencia nos salvaría de este martirio. Eran ellos, habían ganado la guerra, y todo había terminado…
"Desistí de la idea de narrar una crónica vinculada al hecho vandálico que viví la semana pasada. El nexo entre este y los cuadros era la violencia. Pero no es lo mismo, describir un hecho de esa naturaleza, que una guerra o situación de hambruna."
ResponderEliminarno entiendo tu argumento, ¿por qué guerra, hambruna y no un robo en los alrededores de una cancha de fútbol?
pedro, te sugiero considerar las consignas que te propuse antes y la bibliografía que les indiqué sobre proyecto narrativo y procesos de escritura:
traé el cuadro, su historia, LA HISTORIA,
qué saberes sobre el hambre vas a tomar en cuenta para crear con verosimilitud al personaje narrador y lo que pasa?
claudia
Claudia: no decidi basarme en la experiencia porque pense que no estaba relacionada con las consignas. De hecho escribi una cronica sobre ese hecho, si quiere la subo al blog. No tengo problema en trabajar sobre esa situacion que sobre la hambruna o la guerra.
ResponderEliminarEn relacion a la tematica del hambre, me habia basado en el hambre de mujica lainez, los 900 dias de leningrado, etc.