lunes, 16 de mayo de 2011

Primera visita al Museo Saavedra


Primera visita al Museo Cornelio Saavedra
Después de un largo viaje en colectivo, llegué. Eran las diez de la mañana, cuando me interné en los extensos jardines del Museo Cornelio Saavedra. Los árboles, las plantas, el paisaje con el que uno se encuentra, genera que no quiera irse jamás. El lugar transmite tranquilidad, se respira un clima de paz, gente relajada, y un panorama maravilloso.
Comencé a recorrer el museo, donde observé el siguiente panorama: varios matrimonios con hijos chicos, entre 6 y 10 años aproximadamente. Decidí seguir el sendero que atraviesa las distintas piezas que se exponen. Inicialmente, varios bustos decoraban el camino, no había nadie contemplándolos. Me llamó la atención dicha situación, pero entendí que para los chicos es más llamativo un cañón de guerra, que una estatua de un personaje histórico que desconocen. Más adelante había una pequeña fuente, con una figura en el centro, varios chicos rodeaban la estatua. Una chica menor de 5 años le preguntaba a su madre si podía tomar el agua de la fuente, la madre respondía repetitivamente: ¡no! Observé un rato más a los padres que vigilaban a sus hijos, para evitar que se metan en la oscura agua de la fuente. Decidí continuar, unos metros más adelante, me sorprendió ver un tumulto de gente, me acerqué para ver lo que sucedía: un cañón de tres metros de largo, quizá, recostado a la derecha del sendero. Un chico subido a el, se sacaba fotos, con una cara de gran felicidad. Otro chico le preguntaba al padre qué era eso. A lo que respondía: un cañón, se colocaban proyectiles en la parte adelante… Una chica lloraba porque se quería sacar una foto, y no podía esperar a que terminen de fotografiarse la familia de 3 hijos,  cuyos padres se encontraban en los extremos de la pieza de artillería. Después de esperar 5 minutos, la nenita pudo sacarse la foto, con su madre, quien me pidió que las fotografíe. Terminada la sesión de fotos, me senté en el pasto, cuando los gritos de un chico, produjeron que me reincorpore, y camine unos 20 metros hacia el sur. El chico estaba en el piso, con los brazos ensangrentados, gritando y llorando, llamando a sus padres. Éstos vinieron corriendo hacia él. ¿Qué te pasó?, ¿Estás bien?, ¿Te duele mucho?, le preguntaba incesantemente su madre, mientras con una pañuelo le sacaba la sangre del corte que tenía en su brazo izquierdo. Su padre fue a buscar agua y curitas para su lastimadura, regresó al rato con las provisiones, el chico ya estaba tranquilo, no lloraba y su madre le colocaba las bandas adhesivas. En ese momento, miré la hora, eran las dos de la tarde, decidí regresar. Después de este episodio, ya había presenciado bastantes sucesos para comentar, emprendí la vuelta.

2 comentarios:

  1. No conozco el Museo Saavedra, así que tu crónica es la primera aproximación que tengo. Me resultó realmente atractivo y me dan ganas de ir después de lo que contaste. Sería un buen dato que menciones con más exactitud donde se sitúa.
    Me gustó tu crónica, pero no está centrada completamente en tu experiencia, sino que más bien, referís a las vivencias de la gente que se encontraba en el museo, lo que viste de lo que experimentó el resto de la gente.
    Finalmente, creo que sería interesante saber que te pasó a vos con cada una de las piezas que viste expuestas en el museo. Cual fue tu primera aproximación al lugar.
    Saludos,

    Natalia

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  2. Pedro, esta bien escrito al igual que la cronica anterior. Volvi a notar algunas repeticiones. La verdad me quede con ganas de más... esperaba poder ver que sentiste en aquel lugar, o una descripcion mas general de lo que estabas viendo delante tuyo. En la segunda cronica estas cuestiones se vieron bien narradas, pero teniendo en cuenta que esta cuenta tu primera vez alli, creo que era necesario profundizarlo mas en este trabajo...Salutes... Flor.

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