lunes, 9 de mayo de 2011

Patíbulo



       Sin saber por qué, en una semana me encargaría de ejecutar a los condenados a muerte, en la inmensa plaza, bajo la atenta mirada de todos. Mi miedo se explicaba por el desconocimiento de la guillotina. El no conocer su funcionamiento me exasperaba.
Finalmente el día llegó, era una agradable tarde: el sol radiante, el cantar de los pájaros y una leve brisa que suprimía cualquier sensación de calor. El ambiente me produjo un descenso de los nervios, que sentí desde el día de la designación. El hombre a ajusticiar era escuálido, de cara gorda y baja estatura; se encontraba estático, contemplando mis movimientos, esperando el momento. La multitud lo abucheaba, y su pánico se vislumbraba en las facciones de la cara. Coloqué al condenado  sobre la báscula posterior y lo empujé al  cepo, donde su cuello quedó aprisionado, mientras la bulliciosa muchedumbre observaba atentamente. En ese momento ya no me encontraba exaltado, caminé lentamente hacia la guillotina y verifiqué que todo se encuentre bien. Miré fijamente al condenado, y al ruidoso gentío, cuando estaba por accionar la cuchilla, escuché un grito que dijo ¡no lo hagas! Entre la multitud se abría paso un grupo de varias personas, algunas a pie, otras a caballo, armados. La multitud de la plaza los miraba, sin poder creer lo que estaba sucediendo. Me quedé quieto, mirándolos, mientras este grupo se acercaba rápidamente hacia mi posición. Cuando llegaron hacia mí, uno de ellos me dijo:”retiralo de la guillotina, el no tiene que ser ejecutado, lo condenaron sin motivos, si no cumplís mis órdenes te degollamos a vos”. La muchedumbre seguía en silencio, ante la amenaza no me quedó otra opción que hacer caso a su pedido. Aparté al condenado de la guillotina, y este se acercó a ellos, quienes lo subieron a un caballo y comenzaron a irse. El jefe, antes de partir, dijo:”la próxima vez que condenen injustamente a un hombre, mataremos no solamente al verdugo, sino también a todos los presentes”. Después de decir estas palabras, se marchó, siguiendo al resto del grupo.
Me quedé observando su ida, impertérrito, cuando desde la multitud escuché que alguien gritó: “lo entregó, dejó que lo liberen, decapítenlo”. El apoyo a que me guillotinen cada vez sumaba más adeptos, no podía creer lo que estaba sucediendo, cuanto más gritos escuchaba, más nervioso me ponía. Durante diez minutos, algunas personas se mostraban a favor de mi muerte, pero el apoyo no fue total para que me decapiten. Como no hubo una decisión unánime, esos gritos quedaron aislados, y mi muerte en la guillotina fue tan solo una quimera…

3 comentarios:

  1. Hola Pedro,

    Ésta sería una tercera versión? Podrías subir las anteriores y numerarlas?

    Me parece interesante el giro que introducís, crea una tensión. Pero noto algunas cosas que me hacen ruido:

    * En los primeros párrafos, la narración me parece un poco ascéptica para tratarse de alguien que está a punto de guillotinar a una persona. Es algo buscado? Pensaste en una persona de sangre muy fría, a la que asesinar a otros no le despierta ya ninguna emoción? En ese caso, tendría que quedar en claro en el texto, de alguna manera, a partir de indicios. Sino, creo que resulta un poco inverosimil.

    *El protagonista no sabe cómo usar una guillotina...por qué? Es su primera vez como verdugo? Antes usaba otra herramienta? No es necesario que esto esté dicho implítictamente en el texto, pero sí deberías pensarlo y tenerlo en cuenta al escribir.

    *Podría crear suspenso la vuelta de tuerca que pensaste, pero al acelerar tanto la narración, no lo terminás de lograr: el conflicto se resuelve muy rápido y se diluye. Sería buena idea revisar el final, ralentizar el tono, trabajar más la descripción.

    Espero que te ayude,

    Saludos!

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  2. Pedro, leí tu narración y la devolución que te hizo Emilia al respecto. Coincido con ella en que me surgen dudas con respecto a que el personaje no sepa usar la guillotina. Lo asignaron, según especificas, y desde ese día siente nervios por eso. Pero una guillotina es algo bastante mecánico. Consiste en un marco alto vertical que en la parte superior sostiene una hoja afilada con un ángulo de 45º. Con el peso de la hoja y su forma triangular, al caer produce un corte limpio y casi sin margen de error. El verdugo coloca la cabeza del condenado justo delante del lugar de impacto de la cuchilla, y suelta la tensión que sostiene a la hoja, para que caiga. Me parece que el miedo del protagonista puede ser más verosímil si se lo relaciona, no con la utilización específica de la guillotina, sino con el momento en sí, la responsabilidad que en él recae la ejecución del condenado, y el hecho de hacerlo delante de todo el pueblo en la plaza pública.
    Por otro lado, en tu historia no pasa lo que uno espera (que es la guillotinada en sí). Ese giro es muy rico, sólo que siento, me gustaría le dediques un poco más. Amplíes acerca de la descripción en general: sensaciones, presunciones y contexto.
    Saludos,

    Natalia

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  3. Pedro..lei los comentarios de las chicas y también estoy de acuerdo en que el hecho de que el personaje no sepa usar la guillotina hace un poco de ruido y genera un vacío a su alrededor. Un rasgo que muestra esta incertidumbre compartida es ni bien comienza:"Sin saber porque, en una semana me encargaría de matar a los condenados"..¿Por qué no lo sabe?. Otra cuestión: cuando llega el momento de guillotinar el personaje se encarga de fijarse que todo este en orden, ante esto: ¿Cómo puede asegurar que todo esté en orden si no conoce de forma total el uso de la guillotina?. Creo que en este punto caes en una contradicción. El giro que le das al final, esta muy bueno, pero deja con ganas de saber mas al respecto. He notado qe tus narraciones, comienzan a un ritmo y terminan en otro mucho mas veloz que al inicio; no logro deducir a que se debe, pero creo que produce ese sentimiento de querer saber mas acerca del final de la historia...Salutes...Flor.

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